La locura y la añoranza se perdían en tus voces
en tus ecos y susurros.
¿Qué tenías en el alma para morir y renacer?
Aquel año fue tu vida y la pusiste ante mis ojos
en papel y tinta libres
en la lidia maquiavélica representando tu destino
volviéndose tan mío como el arte.
Hoy entiendo tu venganza ante los sueños
entiendo tu desprecio a la ilusión
al valor y a la verdad
Hoy en tiendo la sencillez de tu inocencia.
Desplegabas el exilio en el llanto y sufrimiento
aprendías aquel arte
entre mitos y fantasmas, entre humanos
que se quieren.
¿Qué llevabas en la piel, Tita, qué llevabas?
Para hacer de la nostalgia un desafío
alabando tu dolor
¿Qué llevabas en la sangre, qué llevabas?
Entre minotauros y ratones te escondías
devaluando las batallas
Torero con la espalda clavada a cuestas
Estocada y desprendida.
Esquivaste sin piedad mis años y los tuyos
me regalaste más de treinta
haciéndome saber que una mujer siempre
tendrá que sentirse amada.
Me convertiste en minotauro y en torero
un simple mortal
capaz de conocer, en tus letras
lo que más tarde significaría sufrir.
¿Qué llevabas en la sangre para odiar y amar así?
El secreto de un cosmos celoso y de un futuro vil
comprensivo y exigente
¿Qué llevabas en la sangre para morir y renacer?
Dedicado a Tita Valencia
(Minotauromaquia / Joaquín Mortiz 1976)
