![]() |
| MARIO VARGAS LLOSA |
Hoy es Vargas Llosa. En igualdad de circunstancias que su compadre, amigo, enemigo, contrincante Gabriel García Márquez. Ahora la Fiesta del chivo puede hablar de tú con Cien años de soledad, al menos en lo que a honores se refiere. ¡Cuánto me gustaría ser yo quien decidiera el Nobel! Tal vez lo utilizaría como experimento Social; es decir, tal vez lo otorgaría a Guadalupe Loaeza o a Cuauhtémoc Sánchez para ver qué diría el público al respecto, para ver si también todos dirían que los admiran, que los adoran, ¿y si Corín Tellado hubiese sido Nobel? Tal vez daría el Nobel a Chimamanda Adichie que tiene mi edad y me parece maravillosa, o a Amos Oz por su loca forma de narrar la loca realidad en su maravillosa fantasía. Tal vez se lo daría a Vargas Llosa. Tal vez no.
Pero recuerdo que ya vivimos entre Kindle, iPad y cosas así. Recuerdo que Enrique Vila-Matas es grande y apoya a la literatura electrónica. Recuerdo que mi calendario dice 2010. Recuerdo muchas cosas. Muchas. Recuerdo que se me olvidó poner comida esta mañana a mi perra. Y que Mario Vargas Llosa es finalmente Nobel de literatura.
Me da gusto. Aunque no sea mi favorito. Porque odia a Chávez, me da gusto por La tía Julia y el escribidor, me da gusto por la ciudad y los perros, me da gusto por La niña mala, me da gusto porque escribe en español, me da gusto porque recuerdo haber leído cuando estaba de moda La fiesta del chivo, y haberlo vuelto a leer antes de publicar mi segunda novela, y disfrutarlo ambas veces, y admirarlo ambas veces, y seguirlo admirando hoy. Y diciendo que si el Nobel lo dieran a un libro, yo lo daría a ese.
Entonces, me gustaría ser yo quien da el Nobel. Quizá no lo hubiese dado a La fiesta del chivo, sino a Un hombre sentimental de Javier Marías, o a Javier Marías ya que andamos en lengua hispana, o a Philip Roth, por su brillante humor. No se lo hubiera dado a Murakami porque todavía no considero que sea hora de que lo reciba. Se lo daría tal vez a un poeta, pero ya hay pocos. Se lo daría tal vez a Leonard Cohen si no cantara y si nunca hubiese escrito una novela. Se lo daría a los que ya lo tienen tal vez.
Se lo daría a Octavio Paz, si estuviera vivo. Se lo daría a Paz, aunque Camilo José Cela lo mereciera por su narrativa otra vez.
Por supuesto que Vargas Llosa y yo somos amigos aunque no nos conozcamos, he escuchado sus recomendaciones (gracias a su recomendación en algún diario leí Soldados de Salamina de Javier Cercas, y me parece maravilloso). Por supuesto que tenemos una relación, yo he tenido sexo con La niña mala y he pedido té de hierbabuena con menta como Pedro Camacho. Gracias a Vargas Llosa creí que el paraíso estaba en la otra esquina. No es mi favorito, pero eso no me hace no admirarlo y agradecerle por sacar a las letras españolas de su sequía de veinte años.
¡Cuánto me gustaría dar el Nobel y ver qué pasa!

