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jueves, 11 de febrero de 2010

LAS GUERRAS Y NERUDA

Dice Javier Cercas en su novela Soldados de Salamina: “son los poetas los que siempre ganan las guerras”.  Neruda, poeta, dice: “Llanto de viejas bocas, sangre de viejas súplicas."
            Son las palabras las más grandes seductoras, las únicas revolucionarias. Es la poesía la señora de las palabras, la madre de los cambios, la perpetua amante de la auténtica política. Qué bien haría un Neruda en estos tiempos, cuánto hace falta la poesía en nuestros días.
            Yo recuerdo haber nacido en la pasión tras los textos de Neruda. Yo recuerdo haber soñado, haber bebido y haber sufrido. Yo recuerdo haber deshecho sus poemas, haber deshecho mi estómago con sus poemas. Recuerdo las palabras y la lucha, el ardor y la encomienda. Y hoy, lo vivo. Sigo viviendo a Neruda.
            Hoy, aquí, ¿dónde está la poesía que ganará la guerra? “Así fue devorada, / negada, sometida, arañada, robada, / joven América, tu vida.” Esa América que comenzó llamándose Chile, esa América que hoy se llama humanidad, esa América que hoy responde al nombre de México. Responde a la tinta de Neruda, responde al coraje de la misma poesía, de la poesía que nos hará recuperar su dignidad. Enfrentando al exilio, cuando fue necesario, teniendo de rival a otro poeta, haciendo gala de sesos y no de manos. Mientras que hoy, se hace gala de órganos sexuales y poderes primitivos, al menos en nuestro país.
            Huidobro en una esquina, Neruda en la otra. Es izquierda o es derecha: dos izquierdas que pelean a una mano, a una tinta. Es la búsqueda de un camino, de dejar atrás aquello que estorbe, de creer y de luchar. La creencia de Neruda no era puta. Por eso Neruda, a la larga, ganó guerras.
            La poesía de Neruda es pausada y es violenta, es cuidadosa y perfecta. Tan sensual como estricta, abarca tantos planos que tal vez sólo sea preciso calificarla de humana. La poesía de Neruda encuadra en tinta la condición humana. “Nadie escondió este crimen. / Este crimen fue en medio de la Patria.”, dice Neruda alzando la voz. Y nosotros, hoy en día, lo mismo entendemos que dejamos de entender, lo mismo vemos los crímenes que los escuchamos. Nuestros oídos son sordos a los crímenes, nuestros ojos ciegos a la poesía y nuestras bocas, a diferencia de las de los poetas, mudas de verdades.
            No sé si escribo a Neruda, o a los principios políticos. No sé si escribo al poeta o a la poesía, no entiendo si la descripción tiene que tomar en cuenta cien sonetos de amor o sólo una canción desesperada.
            Hoy la gran noticia en México es que el secretario de Gobernación panista dejó a su partido por vendido, por prostituirse. Yo no soy tan optimista como Loaeza que escribe de los principios y la dignidad de Gómez Mont. Yo creo que hay un plan detrás de todo el show mediático de este día, sin embargo, también creo que sin rumbo, nadie avanza más que en círculos. Y si secretario era de derecha, al menos exigía que el partido en el que militaba también lo fuera. Tampoco soy Gómez Leyva vilipendiando la famosa decisión. Creo que una parte de honor sí tuvo el asunto. Pero es una derrota más de la guerra sin guerra perdida. Es una derrota más de una política sin poesía, una política que presume quién la tiene más grande y no quién piensa más.
            Una política que no ganará la guerra porque no tiene poesía. Porque le urge poesía. Porque le urgen Nerudas. “Ah desnuda tu cuerpo de estatua temerosa.” Luchemos desde París, Chile o Sri Lanka, luchemos con palabras. Manifestemos nuestra intelectualidad como nos enseñó Neruda. Manifestemos nuestra humanidad.
            Porque la poesía no son las palabras. Si no lo que las palabras mueven, la poesía es el resultado de sesos alimentados por creencias. Alimentados por esas creencias que tanta pinche falta nos hacen estos días.
            La guerra no son las armas. Es la paz. La tenemos que ganar creyendo en algo. Todavía existen aquellos que creen. Sólo hace falta la poesía. La poesía de las batallas. La poesía política que nos llevará a la libertad.
            Esto me lo confesó Neruda en secreto diciendo: “Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos, / te pareces al mundo en tu actitud de entrega.”
            ¡Puta madre! Acariciemos al mundo como a una mujer desnuda, protejámosla de los violadores con fuerza mientras susurramos a su oído: “Cuerpo de mujer mía, persistiré en tu gracia.”.
            Y persigamos la política real y no a sus imbéciles impostores. 

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Un observador del mundo actual. Leo. Luego escribo. A veces me cuesta trabajo comprender que existo. Pero me gusta observar el mundo actual y plasmarlo en letras. No hay mucho más.

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